LA ESTÉTICA DEL HAMBRE

Por Glauber Rocha

 
 

 

 

( Tesis presentada durante las discusiones en torno del Cine Nuevo, en la ocasión de la retrospectiva realizada en la Reseña del Cine latinoamericano, en Génova enero de 1965, con el patrocinio del Columbiamon. El tema propuesto por el Secretario Aldo Vigano fue, Cine Nuevo y Cine Mundial. Contingencias forzaron la modificación: El paternalismo del europeo con relación al Tercer Mundo –fue el principal motivo del cambio de tono)


Dejando de lado la introducción informativa que se transforma en la característica general de las discusiones con respecto a América Latina, prefiero situar las relaciones entre nuestra cultura y la cultura civilizada en términos menos reducidos que aquellos que, también, caracterizan el análisis del observador europeo. Así, mientras América Latina lamenta sus miserias generales, el interlocutor extranjero cultiva el gusto de ésta miseria, no como síntoma trágico, pero solamente como dato formal en su campo de interés. Ni el latino comunica su verdadera miseria al hombre civilizado ni el hombre civilizado comprende verdaderamente la miseria del latino.

He aquí –fundamentalmente- la situación de las artes en Brasil frente al mundo: hasta hoy, solamente mentiras elaboradas de verdad (los exotismos formales que vulgarizan problemas sociales) consiguieron comunicarse en términos cuantitativos, provocando una serie de equívocos que no terminan en los límites del Arte, sino contaminan sobretodo el terreno general de lo político.
Para el observador europeo los procesos de la creación artística del mundo subdesarrollado sólo le interesa en medida que satisfagan su nostalgia del primitivismo, y ese primitivismo se presenta híbrido, disfrazado sobre tardías herencias del mundo civilizado, mal comprendidas porque fueron impuestas por el condicionamiento colonialista.

América Latina permanece colonia y lo que diferencia el colonialismo de ayer del actual es solamente la forma mas perfecta del colonizador; y además de los colonizadores, las formas sutiles de aquellos que también, sobre nosotros, arman futuros golpes.

El problema internacional de América Latina es todavía un caso de cambio de colonizadores, siendo que una liberación posible estará todavía por mucho tiempo en función de una nueva dependencia.

Este condicionamiento económico y político nos llevó al raquitismo filosófico y a la impotencia, que, a veces inconsciente, a veces no, producen en primer caso la esterilidad y en segundo la histeria.

La esterilidad: aquellas obras encontradas en gran cantidad en nuestro arte, donde el autor se castra en ejercicios formales que, todavía, no alcanzan la plena posesión de sus formas, el sueño frustrado de la universalización: artistas que no despertaron del ideal estético adolescente. Así vemos centenas de cuadros en las galerías, empolvados y olvidados; libros de cuentos y poemas; piezas teatrales, films (que sobre todo en San Pablo, provocaron inclusive quiebras) ...

El mundo oficial encargado de las Artes generó exposiciones carnavalescas en varios festivales y bienales, conferencias fabricadas, fórmulas fáciles de suceso, cocktails en varias partes del mundo, además de algunos monstruos oficiales de la cultura, académicos de Letras y Artes, jurados de pintura y marchas culturales por el exterior.

Monstruosidades universitarias: famosas revistas literarias, los concursos, los títulos.

La histeria: un capítulo más complejo. La indignación social provoca discursos impetuosos. El primer síntoma es el anarquismo que marca la poesía joven hasta hoy (y la pintura).
El segundo es una reducción política del arte que hace mala política por exceso de sectarismo.
El tercero y más eficaz, es la búsqueda de una sistematización para el arte popular. Pero el equívoco de todo eso es que nuestro posible equilibrio no resulta de un cuerpo orgánico, sino de un titánico u autodesvastador esfuerzo en el sentido de superar la impotencia; y en el resultado de esas operaciones de fórceps, nosotros nos vemos frustrados, sólo en los límites inferiores del colonizador, y si él nos comprende, entonces, no es por la lucidez de nuestro diálogo sino por el humanitarismo que nuestra información le inspira.
Una vez más el paternalismo es el método de comprensión para un lenguaje de lágrimas o de mudo sufrimiento.

El hambre latina, por eso, no es solamente un síntoma alarmante: es el nervio de su propia sociedad. Ahí reside la trágica originalidad del Cine Nuevo delante del Cine Mundial, nuestra originalidad es nuestro hambre y nuestra mayor miseria es que ese hambre, siendo sentida, no es comprendida.

De “Aruanda” hasta “Vidas Secas”, el Cine Nuevo narró, describió, poetizó, discursó, analizó. Excitó los temas del hambre: personajes comiendo tierra, personajes comiendo raíces, personajes robando para comer, personajes matando para comer, personajes huyendo para comer, personajes sucios, feos, descarnados, viviendo en casas sucias, feas, oscuras: fue esta galería de hambrientos que identificó el Cine Nuevo con el miserabilismo tan condenado por el Gobierno, por la crítica al servicio de los intereses antinacionales, por los productores y por el público –este último no soportando las imágenes de la propia miseria. Este miserabilismo del Cine Nuevo se opone a la tendencia del digestivo, preconizada por el crítico mayor de Guanabara, Carlos Lacerda: films de gente rica, en casas bonitas, en automóviles de lujo, films alegres, cómicos, rápidos, sin mensajes, de objetivos puramente industriales. Estos son los films que se oponen al hambre, como si, en la estufa y en los departamentos de lujo, los cineastas pudiesen esconder la miseria moral de una burguesía indefinida y frágil, o si mismo los propios materiales técnicos y escenográficos pudiesen esconder el hambre que está enraizada en la propia civilización.

Como si sobretodo, con este aparato de paisajes tropicales, pudiera ser disfrazada la indigencia mental de los cineastas que hacen este tipo de films. Lo que hizo del Cine Nuevo un fenómeno de importancia internacional fue justamente su alto nivel de compromiso con la verdad, fue su propio miserabilismo que, antes escrito por la literatura de los 30, fue ahora fotografiado por el cine de los años 60, y si antes era escrito como denuncia social, hoy pasó a ser discutido como problema político.

Las propias etapas del miserabilismo en nuestro cine son internamente evolutivas. Así, como observa Gustavo Dahal, va desde el fenomenológico (Porto das Caxias), al social (Deus e o Diabo), al poético (Canga Zumba), al demagógico (Cinco vezes Favela), al experimental (Sol sobre a lama), al documental (Garrincha, Alegria do Povo), a la comedia (Os mendigos), experiencias en varios sentidos, frustradas unas, realizadas otras, pero todas componiendo, al final de tres años, un cuadro histórico que, no por acaso, va a caracterizar el período Janio-Jango: el período de las grandes crisis de conciencia y de rebeldía, de agitación y revolución que culminó en el Golpe de Abril. Y fue a partir de Abril que la tesis del cine digestivo ganó peso en Brasil, amenazando, sistemáticamente, al Cine Nuevo.

Nosotros comprendemos este hambre que el europeo y el brasileño en la mayoría no entiende.
Para los europeos es un extraño surrealismo tropical.
Para los brasileños es una vergüenza nacional. Él no come pero tiene vergüenza de decir eso, y sobre todo, no sabe de donde viene ese hambre.

Sabemos, nosotros que hicimos estos films feos y tristes, estos films gritados y desesperados donde ni siempre la razón habla más alto –que el hambre no será curada por los planeamientos de gabinetes y que los remiendos del technicolor no esconcen, sino agravan sus tumores-.
Así, solamente una cultura de hambre, mamando sus propias estructuras, puede superarse cualitativamente y la mas noble manifestación cultural del hambre es la violencia.

El acto de mendigar, tradición que se implantó con la redentora piedad colonialista, ha sido una de las causadoras de la mistificación política y de la ufanista mentira culturas: los informes oficiales del hambre piden dinero a los países colonialistas con la intención de construir escuelas sin crear profesores, de construir casas sin dar trabajo, de enseñar el oficio sin enseñar el alfabeto. La diplomacia pide, los economistas piden, la política pide: el Cine Nuevo, en el campo internacional, nada pidió, se impuso la violencia de sus imágenes y sonidos en veintidós festivales internacionales.

Por el Cine Nuevo, el comportamiento exacto de un hambriento es la violencia, y la violencia de un hambriento no es primitivismo, Fabiano es primitivo?, ¿Antao es primitivo?, ¿la mujer de Porto das Caxias es primitiva?.

El Cine Nuevo: es una estética de la violencia antes de ser primitiva y revolucionaria, he ahí el punto inicial para que el colonizador comprenda la existencia del colonizado, solamente concientizando su única posibilidad, la violencia, el colonizador puede comprender, por el horror, la fuerza de la cultura que él explota. Mientras no levanta las armas el colonizado es un esclavo, fue necesario un primer policía muerto para que el francés viera un argelino.

De una moral: esa violencia, con todo no está incorporada al odio, como también no diríamos que está ligadla viejo humanismo colonizador. El amor que ésta violencia cierra es tan brutal cuanto la propia violencia porque no es un amor de complacencia o de contemplación, sino un amor de acción y transformación.

El Cine Nuevo, por eso no hizo melodramas, las mujeres del Cine Nuevo siempre fueron seres en busca de una salida posible para el amor, dada la imposibilidad de amar con hambre, la mujer prototipo, la de Porto das Caxias, mata al marido, la Dandara de Ganga Zumba huye de la guerra para un amor romántico, Sinha Vitoria sueña con nuevos tiempos para los hijos, Rosa va al crimen para salvar a Manuel y amarlo en otras circunstancias, la muchacha del sacerdote necesita romper el hábito para ganar un nuevo hombre, la mujer de O Desafio rompe con el amante porque prefiere quedarse fiel a su mundo burgués, la mujer en Sao Paulo S.A. quiere la seguridad del amor pequeño burgués y para eso intentará reducir la vida del marido a un sistema mediocre.

Ya pasó el tiempo en que el Cine Nuevo necesitaba explicarse para existir, el Cine Nuevo necesita procesarse para que se explique, en la medida en que nuestra realidad sea mas discernible a la luz de los pensamientos que no estén debilitados o delirantes por el hambre. El Cine Nuevo no puede desarrollarse efectivamente mientras permanezca al margen del proceso económico y cultural del continente Latinoamericano además, porque el Cine Nuevo es un fenómeno de los pueblos colonizados y no de una entidad privilegiada de Brasil. Donde hay un cineasta dispuesto a filmar la verdad y a enfrentar los padrones hipócritas y policíacos de la censura, ahí habrá un germen vivo del Cine Nuevo. Donde haya un cineasta dispuesto a enfrentar el comercialismo, la explotación, la pornografía, el tecnicismo, ahí habrá un germen del Cine Nuevo. Donde haya un cineasta de cualquier edad, de cualquier procedencia, pronto a poner su cine y su profesión al servicio de las causas importantes de su tiempo, ahí habrá un germen del Cine Nuevo.
La definición es esta y por ésta definición de Cine Nuevo se marginalisa la industria, porque el compromiso del Cine Industrial es con la mentira y con la explotación. La integración económica e industrial del Cine Nuevo depende de la libertad de América Latina. Para esta libertad, el Cine Nuevo se empeña en su propio nombre, de sus más próximos y dispersos integrantes, de los más burros a los más talentosos, de los más débiles a los más fuertes. Es una cuestión de moral que se reflejará en los films en el tiempo de filmar un hombre o una casa, en el detalle que observa, en la filosofía: no es un film, sino un conjunto de films en evolución que dará, por fin, al público, la conciencia de su propia existencia.

No tendremos por eso mayores puntos de contacto con el cine mundial. El Cine Nuevo es un proyecto que se realiza en la política del hambre, y sufre, por eso mismo, todas las debilidades consecuentes de su existencia.